EDUARDO VERDECIA

El esplendor de la supervivencia

 

 

Aunque se haya ido de la isla, el cubano nunca deja de sentirse atado a ella. En este caso no me refiero al lazo sentimental que le pueda amarrar al terruño, sino al político, el cual le persigue como una metástasis de células cancerígenas que está en constante expansión desde que el cubano de la generación posrevolucionaria nace. Para los artistas, debido a la naturaleza de este oficio, deshacerse de este mal puede conllevar a la renuncia de lo que solían hacer en pos de lo que les pueda dar mayores garantías ya sea artísticas, personales o económicas en su nueva tierra adoptiva. Renunciar al cobijo del extenso “lagarto verde” no quiere decir que no se esté al alcance de su cortante dentadura. Aún estando lejos muchos se retractan de discutir lo que aparentemente ya pueden apuntar. Este proceder no es circunstancial; presenta una base bien fundamentada. Eduardo Verdecia es un pintor cubano que actualmente reside en Filadelfia. Ha obtenido varios premios importantes en su país natal y su obra ha sido expuesta en Cuba, Suiza y Estados Unidos

 

 

Muchos artistas manifiestan haber sentido interés por el arte desde muy temprana edad. ¿Desde cuándo te sentiste motivado por el arte?

 

Creo que muchos niños en una etapa de la infancia exploran su lado creativo, y algunos descubren cierta pasión por el arte. Yo quería ser músico, incluso estudie piano por un tiempo, y en la secundaria cantaba ópera, todavía lo hago a escondidas; pero al final fue el dibujo lo que cautivó toda mi atención. Recuerdo que a pesar de la escasez en que vivíamos en Cuba, mi abuela me compraba algunas pinturas y papel. Ella acostumbraba a pedirles a los vecinos sus cuadros para que yo los copiara. El apoyo incondicional de mi familia fue muy favorable para el desarrollo de mi carrera artística. 

 

¿Dónde recibiste tu formación artística?

 

Comencé a estudiar dibujo en una casa de cultura comunitaria para aficionados y en 1994 fui aceptado en la Academia de las Bellas Artes de Holguín, Cuba donde recibí educación profesional.

 

¿Qué fue lo que más disfrutaste durante tu estancia en la academia?

 

Me fascinaban las clases de creación. Existía una atmósfera muy interesante de intercambio de ideas y opiniones entre los estudiantes y los profesores. Me sentía atraído por la experimentación con las diferentes técnicas de la pintura y por el uso de disímiles materiales no convencionales como latas de refresco, cajas de cigarro, tubos de óleo vacíos para crear una especie de collage mediante la técnica del ensamblaje. Allí aprendí todo acerca de las líneas, los colores, las áreas, las texturas, etc. Son conocimientos valiosos en la formación de un artista profesional. También debo admitir que las tediosas clases de copia del natural me aburrían, pero no eran menos importantes. Desde muy temprano supe que me interesaba más la imagen asociada al contenido que la simple reproducción del mundo natural.  

 

Se aprecia en tu obra más temprana esa ansia de plasmar mensajes de alto contenido social y político. ¿Cuál era tu fuente de inspiración?

 

En una clase de apreciación a la historia del arte, el profesor nos pidió a todos los estudiantes que expresáramos una idea que pudiera conducirnos a la concreción de un cuerpo de trabajo consecuente y personal. Recuerdo que dije: “Quiero representar en mi obra todo lo que me molesta a mí alrededor”. El profesor me recomendó algunos artículos y revistas de arte cubano de los años ochenta y de ahí surgió el cuerpo de trabajo que pinté por muchos años. Me concentré en la idea del “Yo” como símbolo del hombre en interacción con la sociedad. Usaba repetidamente el autorretrato como fetiche de identificación personal y textos con frases populares, incluso jocosas, con la intención de conducir al público hacia una interpretación más específica. Los recuerdos y las vivencias cotidianas, conformaban la base anecdótica de mi pintura.  

 

Al observar tu trayectoria artística, se nota un cambio visual y conceptual entre las obras que realizaste en Cuba en comparación con tu producción actual en los Estados Unidos. ¿Esto responde a algún tipo de negación al pasado?

 

 No creo que mi nueva serie de pinturas respondan a ningún tipo de negación, ni a mi condición de cubano, ni a mi obra pasada. Simplemente el proceso de adaptación a una cultura totalmente diferente, me llevó a establecer cambios estéticos y conceptuales condicionados por la propia interacción con el medio que me rodea. Soy un artista contemporáneo, vivo y trabajo en los Estados Unidos y en virtud de introducir mi obra en este contexto, debo tener en cuenta que el arte ha evolucionado y la obra de arte, en mi opinión, debe ser un testimonio perdurable de nuestro presente. Además, como ya he mencionado antes, la obra que desarrollé en Cuba estaba estrechamente relacionada a la sociedad cubana, y  no creo que desde mi posición en los Estados Unidos, sea ético continuar cuestionando circunstancias distantes a mi actual realidad. 

 

¿Cómo afrontas las exigencias del mercado y tus propias exigencias como artista?

 

Cuando entro a mi estudio mi pensamiento se descontamina del mundo exterior. El acto de pintar me permite explorar una sensación irreal de existencia, es el periodo de regocijo espiritual del proceso creativo; por lo tanto el dinero queda en la realidad objetiva. No obstante, me gusta participar en el mercado como lo hacen muchos artistas, porque en cierto sentido significa la aceptación del público más allá de la contemplación de un cuadro en la pared de una galería o de un museo. Quien compra un cuadro está compartiendo con la obra una parte de su vida privada y eso es grandioso tanto para el coleccionista como para el artista. Además, la actividad de crear arte, sobre todo cuando decides trabajar con materiales convencionales como el óleo y el lienzo, requiere suficiente entrada monetaria que sustente la inversión en estos materiales, y en ese sentido el mercado remunera esta necesidad. La libertad económica me brida libertad artística, por lo tanto, en una balanza de exigencias quedaría el arte y el mercado en total equilibrio. Lo único que me disgusta, es que se tomen como referencia valores numéricos para valorar la calidad de una obra o de un artista en particular. Hay mucha especulación con respecto a ese tema y pienso que el arte no esta hecho para eso.  

 

¿Cuán difícil fue para ti establecerte como artista (primero en Cuba) y luego aquí (en los Estados Unidos)?

 

En Cuba fue mucho más fácil. El público se sentía identificado con mi obra y comenzó a reconocerme desde que estudiaba en la Academia. Después que me gradué,  las instituciones culturales me invitaban a eventos y exhibiciones tanto locales como nacionales, además tuve la suerte de trabajar con el galerista suizo Christian Zeller por algunos años lo cual impulsó mi carrera artística a un reconocimiento mucho más amplio. Lo que sucede en Cuba es que las galerías e instituciones culturales están administradas y financiadas  por el estado, lo que significa que nadie se preocupa por la parte monetaria de un proyecto, o cuanta ganancia va a reportar tal exhibición, más bien se  mantienen atentos al contenido de las obras a exhibir, he aquí donde muchas veces experimenté el rechazo y la censura debido a que con frecuencia valoraba con cierta crudeza mi entorno. Al final los artistas que hacíamos este tipo de arte comprometido teníamos consciente cuáles podrían ser las reacciones de las instituciones culturales ante nuestra obra. Cuando llegué a los Estados Unidos pude apreciar una realidad completamente diferente. Aquí las galerías son privadas y la mayoría “comerciales”. Los galeristas en gran medida son los mediadores entre el artista y otra serie de personas involucradas en el proceso de legitimación, cuyo proceso les toma mucho tiempo para establecer a un artista y promoverlo a nivel internacional. El gran problema para artistas emergentes es comprender la “Etiqueta Adecuada” para aproximarse al mundo del arte. Es definitivamente un reto muy difícil y altamente competitivo para un artista que busca reconocimiento y triunfo dentro del arte contemporáneo.    

 

Y, ¿qué pasó con el viejo afán de las ideas? ¿Por qué abandonar esa antigua ansia de cuestionar tu entorno que de cierto modo definió tu obra más temprana? Se observa en tu obra actual un interés por temas exentos de contenido social y político, al menos a simple vista ¿Acaso has modificado el espíritu crítico de tus preguntas? 

 

Tengo muchas más preguntas que cuando comencé a pintar, solo que he aprendido a cuestionar con menos crudeza los valores de la vida. Existe en mi pintura actual un mensaje positivo relacionado a la posibilidad de armonía entre el hombre y la naturaleza, cuya relación podría significar la manera de sobrevivir al caos del mundo en el siglo XXI.

“El objetivo de mi pintura actual es lograr un grado de simplificación visual, en el que la naturaleza, sin perder su esplendor, se vislumbre a un nivel más abstracto, mostrando su magnificencia ante la vulnerabilidad de la humanidad”